RELATOS



El Capitán Birdwhistle miró al campo de batalla desde la loma en la que se había atrincherado su compañía.

A la izquierda de su posición, las compañías whallasas, acababan de situar su pelotones de armas pesadas, y aún se podían escuchar las variadas y enormemente descriptivas maldiciones del Sargento Mayor Caernafon mientras distribuía a los pelotones de infantería en sus reductos.

A la derecha los albanos, las Compañias C y F del Primer Batallón del 42º Regimiento de Infanteria de Britann, hacía tiempo que había tomado posición, hoscos y determinados. El viento de la mañana agitaba sus característicos kilts mientras, como él, examinaban el horizonte sujetando en bandolera sus rifles láser. Siempre le sorprendía el modelo preferido por los nativos de Alba, anticuado, largo e incómodo, aunque resistente. Entre los hombres del regimiento, se sabía que los albanos nunca desperdiciaban nada, y que cada rifle era cuidado y casi venerado como una reliquia. Saludó con un gesto de la mano al Teniente Mac Tavish que también estaba examinando con mirada profesional a sus hombres.

Hacía solo unas horas que el Primer Batallón del 42º de Infanteria de Britann había sido desembarcado en ese planeta perdido de la mano del Emperador y con la habitual eficacia de los regimientos de su Majestad ya estaba desplegado. Birdwhistle estaba, como siempre, orgulloso de la capacidad de su compañía para moverse rápida y eficazmente.

El Teniente Coronel Fernsby, como solía hacer, se movía por las posiciones de las compañías junto con el resto de su plana mayor y algunos de los soldados mas duros y malencarados de todo el Sistema Unido. A esa distancia el capitán podía distinguir el brillo malicioso de su implante ocular y casi escuchar los aceitados servos de su brazo recientemente implantado. Se tomó un momento para recordar como el Teniente Coronel había perdido el brazo, en Signum Perdum III, encabezando un contraataque al frente del pelotón de veteranos y todo el pelotón de mando contra unos apestosos pieles verdes que habían realizado una incursión por el sistema.


Los orkos habían roto las lineas de infantería pero el contraataque del Viejo Ferns había detenido el avance y después los restantes pelotones, que se habían reagrupado y después unido a la carga, lograron rechazar primero a los orkos y después situarlos de manera que las armas pesadas y repetidas e interminables descargas de rifles láser los aniquilaran.


El viejo soldado había seguido luchando después de que una rebanadora le hubiera amputado el brazo y se había negado a retirarse al hospital de campaña durante las 18 horas posteriores, repartiendo a partes iguales una botella tras otra de wisk entre la herida y su estómago.


Birdwhistle pensó que, ahora, cambiaría ese wisk por una buena taza de cafeína y al volver la mirada al campo de batalla le pareció advertir un lejano movimiento en la planicie, con una rapidez fruto de la experiencia, calculó la distancia después de asegurarse de que realmente había actividad. Con un ademán llamó al soldado Warren, que llevaba el vocoemisor.

Tomó el emisor de la mano de Warren mientras hablaba:

-Capitán Birdwistle, Compañia A, a mando, movimiento en el campo, a unas 15 millas.

Le sorprendió escuchar la voz del mismo Fernsby en el altavoz del vocoemisor:

-¿Está usted seguro, Capitán?.
-Si señor, he visto movimiento aunque no puedo determinar la naturaleza del enemigo que lo ha realizado.
-Bien, Capitán, alerte a su compañía, no se preocupe, en poco tiempo esa apestosa naturaleza se le hará malditamente patente.

Birdwistle arrugo un poco el ceño ante el lenguaje del Teniente Coronel, impropio de un caballero a su parecer. Los rumores de que había ascendido desde las filas de los soldados y que tenía parte de whallases siempre se le hacían más creíbles cuando se acercaba el momento de la batalla. Aunque en realidad en ese momento le importaba poco, no querría a otro hombre al mando aunque fuera de la mismísima Familia Real.

Llamó al Sargento Mayor Bourne con un gesto de la mano y este se presentó, impecable y con las mejillas tan afeitadas que emitían un brillo metálico, realizando un saludo digno de un desfile en la misma plaza del Palacio en Nondlon.

-¡Señor!.
-Que se preparen Bourne, parece que se acerca el momento de entrar en combate.
-¡Señor!

El Sargento Mayor Bourne saludó, giró y empezó a dar órdenes a toda prisa, tanto a viva voz como por el vocoemisor de Warren, que se veía obligado a trotar al lado del vigoroso Sargento.

Birdwhistle comprobó su pistola bólter, regalo de su padre cuando se graduó en la Academia, y saludó con una inclinación de la cabeza al Comisario Harris que se había acercado a su posición sin decir nada. Igualmente silencioso tomó sus binoculares.

Mientras observaba una nube de polvo que se iba haciendo progresivamente mas grande, escuchó el comienzo de la letanía que el reverendo Mullberry iba recitando a los soldados:

-¡Mi armadura es el desprecio, mi escudo la indignación....

Susurró:
-Mi espada es el odio...
-Así es Capitán -dijo Harris a su lado-, así es.
-Por el Emperador, Harris, por el Emperador, la Reina y nuestra hermosa tierra.
-Como siempre, Capitán.
El comisario desenvainó la espada y Birdwhistle pudo ver el campo de energía que la rodeó cuando fue activada.

Volvió a mirar por los binoculares.
-Ahí llegan.....




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